A las puertas del proceso de consulta y aprobación de un nuevo Código de las Familias en Cuba, legislar acerca de la edad mínima para contraer matrimonio se ha convertido en eje de múltiples debates protagonizados por especialistas del Derecho, la Psicología y otras ciencias sociales.
Un criterio de consenso es que la nueva legislación debe eliminar la autorización excepcional a las niñas para casarse –con permiso parental-, a partir de los 14 años de edad y a los varones a partir de los 16.
Más allá de la naturalización de estereotipos machistas que implica que esa excepcionalidad sea menor en dos años para el caso de las muchachas, la dispensa también arrastra implicaciones para el pleno ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos.

La vida de las mujeres negras y mestizas de América Latina y el Caribe expresa una historia común de discriminación, resistencias y aportes sociales.

“No me di cuenta de que era negra hasta que fui a la escuela y mis maestros y compañeros me decían negra con desprecio, de una manera racista y discriminatoria”, recuerda Massay Crisanto, de Honduras.

A una semana de ocurridas protestas inéditas en varias ciudades del país, muchas miradas en Cuba se concentran en las experiencias, aprendizajes y posibles rutas a partir de los sucesos. Con una amplia difusión por las redes sociales, la salida de la gente a la calle había comenzado poco antes del mediodía del domingo 11 de julio en el poblado de San Antonio de los Baños, provincia de Artemisa, al suroeste de La Habana. Luego se extendieron a otros poblados y ciudades del país.

Aunque la posibilidad de enfermar de covid-19 existe para todas las personas, la realidad es que no todas se afectan por igual, reconocieron especialistas durante el panel “Covid–19 y dinámica demográfica. Una relación que importa”, el pasado 9 de julio.

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